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El cultivo en sistemas flotantes en mar abierto se lleva a cabo en un medio no controlable en cuanto a factores físicos (meteorología, oleaje, corrientes, temperatura, etc.), químicos (salinidad, oxígeno, contaminantes) y biológicos (fouling, contaminación microbiológica, etc.), y por ello, la elección del emplazamiento es el primer y principal factor en la puesta en marcha de una instalación, por lo que es necesario considerar:
1. PARÁMETROS FÍSICO-QUÍMICOS
- Temperatura: el rango de temperatura adecuada depende de la especie objetivo de cultivo, debiendo encontrarse las medidas anuales dentro del rango óptimo de crecimiento. Al tratarse de cultivos en mar, las mejores áreas de cultivo se encuentran precisamente en las zonas más externas por poseer un mayor taponamiento térmico.
- Oxígeno: los valores de oxígeno disuelto óptimos para el cultivo deben mantenerse por encima de 3 mg/l, valor considerado como el límite a partir del cual no se generan problemas de anoxia en los peces en cultivo. La tendencia general es de incremento en los meses de invierno y decremento en los de verano, efecto debido fundamentalmente a los cambios de la temperatura del agua durante el ciclo anual y a la mayor solubilidad de este gas en el agua de mar cuando ésta está a temperaturas más bajas.
- Salinidad: no suele ser un parámetro que presente variaciones que influyan negativamente. Las oscilaciones puntuales asociadas a las lluvias que acontecen durante algunos periodos no suelen influir de manera definitiva en las especies directamente, a no ser que estemos en zonas de alta frecuencia e intensidad y tratemos con especies estenohalinas.
- pH: la tendencia general en aguas marinas es obtener valores de pH más ácidos cuando la influencia de las aguas continentales es mayor, siendo normalmente las alteraciones del orden de décimas. Rara vez el pH presenta valores inferiores a 8, manteniéndose en el rango óptimo de crecimiento para las especies marinas a cultivar.
- Clorofila: para que se produzcan importantes afloramientos de fitoplancton en una masa de agua son necesarias tres condiciones: una capa de mezcla superficial poco profunda, elevada intensidad de luz incidente y nutrientes. A medida que avanza el invierno la concentración de nutrientes se incrementa pero no se produce un aumento de clorofila por el bajo nivel de luz incidente, al disminuir las horas de sol.
Para considerar posibles concentraciones lo suficientemente altas para ser preocupantes por el posible colapso del bloom, y la consiguiente generación de abundante materia orgánica en degradación que podría perjudicar a las poblaciones de especies marinas tanto naturales como cultivadas, se realizarán seguimientos para determinar la evolución anual de la concentración de clorofila en el área donde se pretenda ubicar una instalación.
- Fitoplancton: la distribución de la biomasa fitoplantónica (expresada como clorofila) se corresponde con la dominancia relativa de los dinoflagelados sobre las diatomeas. Es decir, en aquellas zonas con mayor concentración de clorofila, hay un claro predominio de dinoflagelados.
La distribución de clorofila en este período está explicada por la concentración de dinoflagelados, grupo que presenta un mayor número de especies tóxicas, por lo que podría esperarse un riesgo potencial de toxicidad. Entonces la existencia de determinadas especies en la masa de agua, puede suponer un condicionante dependiendo de las especies que se encuentren en mayor proporción, sobre todo si el cultivo es de moluscos, y si las densidades de las poblaciones alcanzan densidades peligrosas para éstos.
- Sólidos en Suspensión / Turbidez: Los aportes de material suelen afectar a ensenadas, bahías y zonas más próximas a desembocaduras. Los temporales y los periodos de lluvias intensas pueden dar lugar al aumento por encima de valores recomendados, 20 mg/l, que pueden empezar a ser perjudiciales para posibles cultivos.
- Nutrientes: La evolución de los nutrientes está condicionada por la climatología y por la cantidad de radiación incidente. Las poblaciones de fitoplancton suelen ser capaces de retirar estos nutrientes (ya sea de origen antropogénico o natural) de la fase disuelta mediante asimilación activa de los mismos en el proceso fotosintético. De esta manera el aumento de nutrientes en el medio repercute con el incremento rápido de las poblaciones de fitoplancton.
2. TIPOLOGÍA DE FONDOS MARINOS Y GEOMORFOLOGÍA COSTERA.
- Sedimentos, profundidad, perfil batimétrico de la zona (pendiente, relieve...): Para que una instalación fondeada presente la fiabilidad suficiente, además de que las características técnicas de los sistemas empleados sean las adecuadas, la zona y los fondos de la ubicación deben presentar unas condiciones mínimas.
Estas condiciones son relativas a; la profundidad de la zona, el relieve y la pendiente del fondo, la naturaleza del fondo y la heterogeneidad del mismo.
La geomorfología costera y en concreto el tipo de plataforma continental y como decíamos anteriormente la pendiente de la misma, nos va a determinar cuanto nos podemos o debemos alejar de la costa para alcanzar las profundidades óptimas.
Otro factor a tener en cuenta es la probabilidad de remoción del sedimento del fondo por el oleaje.
Todas estas características se deberán estudiar con antelación, de manera que tanto las características de la ubicación concreta así como los sistemas elegidos sean los adecuados.
3. CONDICIONES AMBIENTALES Y OCEANOGRÁFICAS.
- Climatología: Se deben recopilar datos referidos a la presión atmosférica, horas de insolación, pluviosidad, temperatura y velocidad del viento, entre otros. Los vientos más frecuentes y las velocidades que presentan son muy importantes debido a la gran incidencia que tienen sobre las instalaciones flotantes y su influencia en el oleaje.
- Corrientes: En este aspecto influyen factores como la marea, que dan lugar a corrientes de marea creciente y vaciante, la morfología del fondo, los vientos o la presión atmosférica.
La velocidad de la corriente deberá mantenerse por debajo de los 50 cm/s, valor limitante para la colocación de estructuras para el desarrollo de la acuicultura.
- Oleaje: Se debe tener en cuanta el oleaje generado por los temporales y viento. El tipo de oleaje generado por el viento en la zona estudiada se denomina sea. El generado en regiones oceánicas distantes se conoce como swell.
Para determinar el tipo de oleaje que tenemos en una zona concreta se estudiará por un lado la altura significante del oleaje. Esta se define como el promedio de la tercera parte de las olas más altas en el periodo de observación. La altura de ola significante con probabilidad de ocurrencia del 50 % (Hs50%), es aquella Hs tal que la probabilidad de que una cualquiera sea superior o inferior es de una entre dos.
Por otro lado, el oleaje umbral establecido como temporal en una zona será para un valor de Hs, es decir, la altura de ola significante a partir de la cual se considera temporal. Y a partir de este dato podremos saber cuantos días de temporal habrá en la ubicación escogida, para saber si es o no adecuada.
Con respecto al olaje extremo, habrá que determinar el tiempo medio en el que se miden esas alturas en la zona.
La incidencia de oleaje en las instalaciones flotantes supone uno de los factores de riesgo más acusado en la acuicultura en mar abierto. Para abordar las posibilidades de éxito de esta actividad se debe conocer el régimen energético al que estas estructuras estarán sometidas, y valorar si son acordes con las especificaciones que cada fabricante garantiza en cada caso. El oleaje también debe ser tenido en cuenta por los condicionantes que impone en las tareas de mantenimiento de estructuras y alimentación de los cultivos.
4. SELECCIÓN DEL EMPLAZAMIENTO
Se debe estudiar entre otros, aspectos generales relacionados con el entorno de la zona, como la distancia a costa, y en concreto a las instalaciones portuarias, de la que va a depender la accesibilidad a las instalaciones, la posibilidad de vigilancia de las mismas y el coste económico que esto supone. El tráfico marítimo y sus rutas de navegación y las áreas de pesca costera.
Por último y no menos importante, la incidencia ambiental que tendrá una futura instalación en una zona, dependerá del estado inicial de la misma, las poblaciones de fauna y flora o la cercanía a zonas de puesta o alevinaje, entre otros, así como de los parámetros ambientales y la tipología de los fondos. Entre los primeros, la existencia de corrientes por ejemplo ayudará a una mayor y mejor dispersión y disolución de los posibles residuos que provengan de pequeños excedentes de pienso, entre otros. El estudio de la tipología y el ambiente bentónico existente nos permitirá saber si la instalación repercutirá sobre ellos y de que manera. |